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El Karma y el Destino. Enseñanza de la Maestra del Vajra Samantha Chou, Templo del Loto Púrpura, San Bruno, California, después de una Ceremonia de Liberación del Bardo, 8 de abril de 1997, traducido del inglés por Gabriel Mercedes
Buenas noches, Reverendos y hermanos cultivadores. Om Mani Pemi Jom.
Desde hace varios días, estoy tratando de contestar una carta que recibí de alguien que se ha encontrado con nuestra Escuela del Verdadero Buda y está buscando ciertas respuestas a sus problemas personales. La carta no es fácil de contestar porque es una narración de los eventos trágicos que han pasado en su vida. Dice que viene de una familia numerosa de diez hijos. Su padre murió de cáncer, uno de sus hermanos mayores falleció muy joven y otro perdió la vida en un accidente automovilístico. Dos de sus hermanas, la primera y la cuarta, están divorciadas, la segunda constantemente pelea con su marido, y el negocio de la tercera está cerca de colapsar. De cualquier modo, ninguno de sus hermanos está contento. A su madre le gustan los juegos y descuida a la familia. Después de asistir a algunas ceremonias budistas y entablar la conversación con algunos de los monjes, él se ha interesado en el Budismo. Como los conceptos de destino y suerte están profundamente arraigados en la cultura china, él preguntó a un monje budista: "¿Estoy pasando por tantos problemas debido a un mal destino?" El monje le respondió: "¡No hay tal cosa como el destino!" Es por esta razón que él decidió escribirme y preguntar: "¿Existe el destino o no? Si existe, ¿Es posible cambiar la suerte predestinada?"
Después de leer la historia de su familia, verdaderamente uno puede compadecerse de él. Ninguno de los diez hermanos vive contento ni tiene una vida fácil. Incluso menciona sueños frecuentes en que ve a su padre y sus hermanos difuntos en ropa andrajosa y en condiciones muy pobres. Durante la fiesta anual de la luna llena en otoño, su familia sólo le permitía cuidar la tumba de su padre, mientras desatendían la tumba del hermano, quien murió muy joven. Procedían de esta manera porque un profesional de feng shui les había dicho que las personas que mueren antes de alcanzar la madurez traen mala suerte a la familia en caso de ser molestados. Bastaba con sepultarlos nada más y no debían atender la tumba ni reclamar sus huesos; de otro modo atraerían la mala suerte a la familia.
Cuando visita el cementerio, se siente afligido por ver la tumba de su hermano cubierta de muchas cizañas, pero no se atreve a arrancarlas o hacer ofrendas de incienso. Su madre consideraría una acción semejante como de mala suerte. Me escribió lo siguiente: "No hemos dado ningún cuidado a la tumba de mi hermano. De todos modos hay tantos problemas en nuestra familia y me pregunto si realmente nuestros problemas empeorarían si atendiésemos la tumba." Su carta contiene una lista de todo tipo de preguntas relacionadas con su familia: ¿Por qué los divorcios? ¿Por qué el fracaso del negocio? ¿Por qué el cáncer? ¿Por qué el fatal accidente automovilístico? ¿Por qué las peleas y luchas dentro de la familia? ¿Por qué...?" Nada más sosteniendo la pluma en la mano y pensando sobre tantas preguntas, siento un dolor de cabeza. Quizás debería imitar al Gran Maestro; cuando alguien hace muchas preguntas, él escoge una sola para contestar. En mi caso, normalmente respondo diez si hay diez preguntas y esto me quita tiempo.
¿Por qué aquellos monjes budistas afirman que el Budismo no cree en el destino o en la suerte? Seguramente porque el Buda Sakyamuni quiso enseñar a los seres sintientes que el destino puede ser transcendido. Si se dijera a las masas que el destino existe y que todo esta predestinado, entonces las personas se sentirían muy desalentadas y pesimistas. ¡Sería un fastidio si todo fuera predestinado! La vida adquiriría un color gris y las personas perderían el deseo de superar sus problemas y situaciones difíciles.
No obstante, el destino existe. De hecho, el destino es nuestro karma, ¿cómo no existiría? el destino, que es una sucesión de consecuencias, sí existe. Tomen por ejemplo la tortuga que uno de ustedes trajo esta noche y que ha estado haciendo mucho ruido. El destino también existe para ella. Debían haberla puesto en una bandeja, en lugar de encerrarla en una bolsa del papel. Aunque no puedo verla, está haciendo todos estos ruidos para hacer notar su presencia.
Es debido al destino que esta tortuga nació como animal. ¿Qué hay detrás de esto? Hace un rato, cuando entré en Samadhi durante la Liberación del Bardo, investigué la razón por la cual la tortuga nació en el reino animal. En su vida anterior, era un ser humano y se dedicó junto a su padre al negocio de la fabricación y venta de pasteles. Trabajaban duro, pero una vez se enteró que otro panadero acababa de hacer una gran compra de harina y decidió junto a su padre quitársela. Con poco esfuerzo llegaron a robar toda la harina y la trasladaron a su propio negocio. El otro panadero había gastado casi todo el dinero que tenia en la compra de esta harina y su negocio quebró debido a este robo. En aquellos tiempos, no había tal cosa como reembolsos del seguro en caso de robo, de modo que perdió todo y, como resultado, su vida se llenó de infortunios. Se sintió como en un callejón sin salida y finalmente terminó con su vida ahorcándose. Por otro lado, la familia que robó la harina, se enriqueció sin invertir un centavo. Después que acabaron con su competidor, pudieron ampliar su negocio y se hicieron muy ricos.
Debido a este robo en el pasado, el hijo del panadero nació en esta vida con la forma de un animal, con miembros truncados, teniendo que retractar y esconder la cabeza y las extremidades. Éstas son las razones detrás de su estado. Después de cometer el robo, el hijo del panadero sabía muy bien que había causado mucho sufrimiento al otro y a su familia. Pero, ya lo hizo y no podía echarlo hacia atrás. No era posible admitir su crimen, confesando: "He robado toda tu harina!" Debido a este acto indebido, creando esta causa kármica, ese hombre tuvo que nacer como animal docenas de veces e incluso cuando pueda nacer de nuevo como ser humano, su vida será de corta duración.
Mientras la tortuga estaba haciendo todos estos ruidos, pregunté al Bodhisattva: "Puesto que en su vida pasada ha creado la causa kármica para nacer como una tortuga, ¿cuál es la causa de que pueda venir a un templo budista en esta vida y participar en un culto de grupo, recibiendo las bendiciones de una Ceremonia de Liberación del Bardo? ¿Era aquél hombre un cultivador espiritual antes?" El Bodhisattva dijo: "No, no hizo ninguna práctica espiritual. Pero, en aquella vida visitó una vez un templo, luego que alguien le entregara una vela". En el pasado, la gente encendía velas en los templos después de cumplirse un voto o un deseo. Él estaba allí como visitante y alguien le entregó una vela, la aceptó y la pagó. Luego, la encendió y la colocó delante de los Budas y Bodhisattvas. Fue debido a este gesto que él pudo llegar hoy aquí.
Nosotros no podemos comprender que encender velas es un acto muy grande y meritorio. La ofrenda de una lámpara delante de los Budas significa que uno anhela la Iluminación y quiere que la Luz del Buda brille y purifique la ignorancia y la oscuridad dentro de uno. Cuando alguien genera este tipo de sentimiento en el corazón y enciende una vela o lámpara delante de los Buddhas, el resplandor de los Budas y Bodhisattvas brilla en él para ayudarle. No obstante, en esta vida, la tortuga tenía que nacer en el reino animal para pagar por el daño hizo. Así funciona el destino. Lo que se crea en una vida pasada, resultará en una consecuencia en una vida futura.
El Buda Sakyamuni nos ha enseñado a trascender el karma. El karma existe, pero esto no significa que no haya maneras de elevarse por encima de él. Hay que dedicarse a la cultivación espiritual y practicar continuamente. Cuando nuestra cultivación alcanza la vacuidad, nos liberaremos de la esclavitud del karma, de las fuerzas de Yin y Yang y de los cinco elementos, y dejaremos estar sujetos a las leyes del cielo y de la tierra y de dioses y espíritus. Cuando nos hemos elevado por encima de estas leyes, ya no estaremos subordinados a las leyes del karma y del destino. Y esta es la razón por la cual algunos budistas niegan la existencia del destino y algunos monjes lo rechazan rotundamente. Con esto quieren animarnos para que siempre nos mantengamos enfocados en la meta de la cultivación. De otro modo, al encontrar una pequeña dificultad o unas palabras ofensivas, perderíamos nuestro equilibrio inmediatamente; igualmente, al sufrir una pequeña injusticia, caeríamos en un estado de perturbación haciendo reclamos por los agravios. Es muy difícil que una persona reaccione sin perder el enfoque de la Vacuidad.
Lo que el Buda Sakyamuni nos enseñó es que el Buda-dharma ayuda a cultivarnos hasta realmente trascender todo tipo de esclavitud y elevarnos por encima del karma.
Hui-k'e, el segundo patriarca de Zen después de Bodhidharma, es un ejemplo de alguien que se elevó por encima del karma. Se cultivó hasta la realización de un nivel muy elevado, pero ¿saben cómo terminó su vida? ¡Fue decapitado! Le aplicaron la pena capital. ¡Qué fin tan terrible para un maestro de un linaje! ¿Había fallado en su cultivación? ¿Carecía de la habilidad para desviar semejante retribución? ¿No poseía poder trascendental? ¡Por supuesto que poseía ese poder! Fíjense también en Maudgalyayana, uno de los diez discípulos principales del Buda Sakyamuni. Maudgalyayana era famoso por su gran poder trascendental, prácticamente ilimitado. Podía viajar por las Tierras Puras de los Budas y escuchar sus discursos, como también al reino del infierno para salvar a su madre. Podía trasladarse libremente por los Diez Reinos del Dharma. Pero, ¿cómo murió? Fue aplastado por un derrumbe de rocas. ¡Qué muerte tan horrible! Shariputra era conocido por su suprema sabiduría, pero ¿de qué manera murió? Falleció por sufrir de un grave problema intestinal. Todos esos discípulos alcanzaron la realización por medio de la cultivación, sin embargo, sus muertes ocurrieron en formas trágicas. Podríamos decir: "Parece que su cultivación no les ayudó, puesto que no lograron escapar de sus respectivos destinos. No quiero terminar como ellos. Quiero morir serenamente en una postura sentada y que luego encuentren muchas sariras en mis restos incinerados..."
En una ocasión previa expliqué que aunque ellos tenían el poder de escapar de sus destinos, no obstante escogieron demostrarnos que cuando existe la causa kármica de una trasgresión severa, como matar, hay que enfrentar las consecuencias en algún momento. Maudgalyayana mostró su habilidad de frustrar muchos atentados en contra de su vida al desviarse de los caminos donde sus enemigos lo estaban esperando para tirarle piedras. ¿Entonces, por qué no escapó esa última vez? Porque había logrado la auto-maestría y la liberación. En el mismo momento de experimentar el castigo, aun pudo manifestar la sabiduría de la Vacuidad - su corazón moraba en un estado de gran bienaventuranza cuando recibía la retribución, sin tener odio ni culpando a nadie.
En mi caso personal, después que nació Engih (pronunciado Inga, el hijo menor de la Maestra), desarrollé una hemorragia severa. Los doctores no encontraron inmediatamente la causa del sangrado. Repetidas veces me hicieron transfusiones, pero seguía perdiendo sangre. Era una retribución por la que tenía que perder toda la sangre de mi cuerpo. Tenía que experimentar que me abrieran el abdomen y sacaran varios órganos. He nacido como la encarnación del Loto Púrpura y me he dedicado a mi práctica. ¿Por qué tenía que experimentar esa retribución? Era mi destino, ya que tenía que hacerme responsable de mi propio karma.
Por lo tanto, hay situaciones en que una persona que alcanzó el estado de la Vacuidad acepta las consecuencias kármicas cuando se presentan. Por un lado, esto nos enseña a afrontar nuestro propio karma en lugar de huir de él. Por otro lado, nos hace entender que después de adquirir la maestría del nacer y morir, se puede salir de este mundo de cualquier manera. Uno está libre de experimentar o no la retribución kármica. Esto es posible sólo después que una persona haya logrado la sabiduría de la Vacuidad.
En posesión de la sabiduría de la Vacuidad, se puede permanecer en el estado de la bienaventuranza suprema. No importa cuan peligrosa sea la situación, esa persona puede aceptarla tranquilamente. Me gustaría decir a todos, que un verdadero adepto realizado es capaz de elevarse por encima de cualquier circunstancia, al no estar limitado por las leyes que rigen sobre el cielo y la tierra, los dioses y los espíritus, el Yin y el Yang, los cinco elementos y el karma.
Un adepto de esta altura es capaz de llevar todas esas leyes a la Vacuidad y a la vez permanecer en un estado de felicidad. Por consiguiente, el destino existe, pero siguiendo las enseñanzas del Buda Sakyamuni, podemos transcenderlo. La manera de transcenderlo depende de la apertura del corazón y de la mente; de este modo, cualquier cosa que uno tenga que enfrentar, lo puede hacer consciente de la situación y aceptándolo tranquilamente.
Durante mi cirugía, cuando el médico me quitó varios órganos de mi cuerpo, mi vejiga se llenó de sangre y mis intestinos se inflamaron. Puesto que no podía orinar por mi misma, tenían que ponerme un catéter. No conocía este procedimiento, ya que insertaron el catéter durante la cirugía. Cuando desperté después, lo único que sabía es que estaba viva. Ocho semanas más tarde, el médico dijo que tenía que extraer el catéter. Pensé ¡Otra cirugía! Mi cuerpo estaba muy débil y adolorido aun. Le pregunté: "¿De qué catéter está hablando?" Me dijo: "Es un tubito plástico". "¿Es largo?" pregunté. "Es como este," y me enseñó un tubo similar. "¿Tan grande?" Tenía casi el diámetro de un dedo. ¡Qué tubo tan largo y grueso en mi cuerpo! Pregunté al médico: "¿Significa esto otra cirugía? ¿Cuánto tiempo tomará?" Ya me habían hecho una incisión muy larga, desde la parte superior del abdomen hasta abajo. Me dijo: "No hace falta otra cirugía." Pregunte: "¿No? ¿Entonces, cómo se saca?" Me dijo: "Se saca por la uretra". Cuando escuche esto, casi me desmayé. Pensé, "Tiene que ser muy doloroso. Mi cuerpo está muy débil y ahora quieren sacar un tubo plástico tan largo y grueso que tengo por dentro por la uretra"
El médico explicó: "Este procedimiento no necesita anestesia y se hace mientras esta despierta. Tampoco requiere ninguna incisión". Pensando en esto, se agotaron todas mis fuerzas físicas. ¡Cuánto temía el dolor! Fue una reacción muy natural, ya que todo mi cuerpo estaba todavía muy adolorido. Luego me llevaron a la mesa de operaciones y el médico empezó con el procedimiento. Primero, desinfectó el área con alcohol, luego buscó un instrumento de acero parecido a un cetro Vajra que servía para dilatar la uretra con fines de sacar el tubo. Y todo esto se haría sin anestesia.
Acostada en la mesa, antes del procedimiento, las lágrimas corrían por mis ojos y lloré sin control. La enfermera me tranquilizó: "Todo habrá terminado muy rápidamente. Usted estará bien; el dolor sólo durará un momento. No tenga miedo. El médico es experto en esto; es rápido y no duele mucho". Le pregunté: "¿Cuánto dura exactamente?" Me dijo: "Unos pocos minutos". Cuándo uno está experimentando un estado muy doloroso, varios segundos, o hasta un solo segundo, puede ser demasiado, mucho más si se trata de minutos. No pude más y lloré fuertemente.
Mi esposo y hermano en el Dharma Chou estaba a mi lado e intentó consolarme: "La enfermera dijo que no tomaría más que un momento. ¡No será tan doloroso! Es mejor que otra operación". Le dije: "Mira a ese dilatador y a la manera en que opera. ¡Es tan grande como un batidor de huevos!" No lloraba de miedo, pero siguieron diciéndome: "¡No tengas miedo!" Les dije: "No tengo miedo. Por eso no lloro. Lloro porque me arrepiento". De repente, experimenté un profundo arrepentimiento. Pensé: "¿Qué mal he hecho? ¿Qué tipo de trasgresión cometí para ahora recibir este tipo de retribución? ¿Qué tipo de crimen cometí en mis vidas pasadas para que tenga que pasar por estas torturas físicas y este sufrimiento?" Llamé al Bodhisattva Kuan Yin: "Lo que sea que hice en mis vidas pasadas, no lo volveré a hacer. Por favor, ayúdame para que pueda continuar esta vida estando consciente de mis acciones. Ayúdame para que no sea tan ignorante creando karma negativo continuamente. No quiero volver a crear karma negativo causando que mi cuerpo tenga que sufrir las retribuciones. De ahora en adelante procederé con rectitud y pureza."
En ese momento, me sentía destrozada y lloré con gran pesar. Los demás presentes en la habitación no entendían por qué lloraba tanto. Pero, en ese preciso instante comprendí que el sufrimiento creado por el propio karma podía llegar a ser tan intenso sin que nadie lo pudiese evitar y sólo uno mismo debía experimentarlo. Con esto en mente, dije al Bodhisattva: "Aceptaré tranquilamente cualquier retribución que me corresponda. Me someteré al dolor para neutralizar mi karma."
Después de aceptar voluntariamente la retribución kármica, mi corazón se abrió. Tranquilamente recité el nombre del Buda y visualicé a los Budas y Bodhisattvas transfiriéndome su energía. Enseguida me olvidé del dolor. Vi como me entraron el instrumento para dilatar la uretra y como me sacaron el tubo. Era largo, casi del tamaño de esta mesa. Lo recuerdo perfectamente. No sé cómo lo entraron, pero lo tenía puesto durante todo ese tiempo para canalizar la orina.
Realmente no me dolió. Estaba completamente dispuesta de sufrir la retribución en ese momento con el fin de neutralizarla. ¿Si no hubiese pasado por esta crisis, ¿cómo hubiese podido neutralizar los errores que cometí en el pasado? En ese momento me elevé por encima de los obstáculos psicológicos y me sentí feliz. Todo había sido una lección. Y desde ese entonces, siempre que me encuentro con cualquier situación negativa, la acepto como una oportunidad para neutralizar mi karma negativo. ¿De qué otra manera podríamos pagar por nuestras deudas? Aunque no sepamos exactamente qué tipo de deudas hemos creado, siempre podemos aceptar nuestros sufrimientos como el medio para pagar y neutralizar esas deudas. Al pensar de esta manera, las perspectivas cambian y cualquier crisis puede ser transcendida fácilmente.
Por consiguiente, el Buda Sakyamuni ha enseñado que sólo soltando los nudos del corazón y abriendo la mente a la Vacuidad se puede trascender el sufrimiento que el destino nos presenta. Cuando las leyes que rigen el Yin y el Yang y los cinco elementos ya no nos limiten, se podrá ir libremente al Este, Oeste, Norte y Sur y a cualquier parte arriba y abajo. Las palabras de los profesionales del feng-shui ya no afectan a uno, ni tampoco las palabras ofensivas. Los elementos que se consideran desfavorables en una casa, como la colocación de una estufa enfrente de un fregadero, la presencia de muchos ángulos afilados, la ausencia de un "punto de acumulación de riquezas" o la cama enfrente de una puerta, ya no pueden ejercer efectos adversos en uno. Antes, uno estaba limitado por esas leyes y sus influencias. Ahora uno ha transcendido esos obstáculos y está completamente libre. Los elementos incompatibles de fuego y agua en una casa no tienen nada que ver con uno; la presencia de una esquina enfrente de la puerta de entrada no tiene nada que ver con uno; un hoyo en el punto de la acumulación de riquezas no tiene nada que ver con uno, ni tampoco la ubicación de la cama enfrente de una puerta. Esto es así, porque uno se ha elevado por encima de las leyes del destino y del karma y goza de completa libertad.
Quisiera mucho decir todas éstas cosas a este amigo que me escribió. ¿Pero cómo? No tengo tanto tiempo, de modo que solo puedo dedicarle los méritos de mis meditaciones y asignarle ciertas tareas. A través de las tareas [recitaciones de mantras y sutras y trabajos caritativos etc.] y la reflexión y contemplación, se puede ganar una nueva perspectiva y una comprensión que es capaz de elevarnos por encima de todas las aflicciones. El que logra ir más allá del control del destino, es una persona que ha realizado la naturaleza de la Vacuidad.
¡Que todos lleguen a esa realización!
Om Mani Pemi Jom.
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