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El Caso de una Señora Cristiana.
Por el Maestro Sheng-yen Lu, Capítulo 36 del libro
Mi Encuentro con el Mundo de los Espíritus.

El Sr. Yan Yün Peng, un colega de mi padre, trabaja para la Compañía Eléctrica de Taiwán. Una vez el Sr. y la Sra. Yan vinieron a visitarnos. Tan pronto entraron a nuestra casa vieron nuestro altar. El Sr. Yan, un intelectual y profesional que también ha viajado fuera del país, nunca se interesó en religión. En cambio, su esposa es diferente. Se educó en la Escuela Intermedia Cristiana Cháng Jung para Señoritas en Tainan y actualmente desempeña funciones de líder de grupos cristianos en su iglesia. Es tan devota, que todos los domingos va a la iglesia y siempre lleva consigo la Biblia.

Al entrar, la Sra. Yan hizo el comentario: "No creo en nada de eso. Soy cristiana."

"¿Tuvo usted alguna vez la oportunidad de estudiar los principios del Budismo y trató de entenderlos? Porque si no sabe de qué trata el Budismo, tampoco puede aceptarlo."

"Sólo sé que el Budismo venera ídolos. Por eso considero que es una religión que proviene del Diablo. Dios es el único Dios verdadero. Las personas que tienen fe en Jesucristo llegan al Cielo. Los que veneran a ídolos caerán sin remedio al Infierno."

"De acuerdo a lo que usted acaba a decir, al ser Budistas seríamos malos y yo sería discípulo del Diablo. Sin embargo, el Budismo tiene ideales muy elevados," le contesté.

La Sra. Yan se disculpó: "Naturalmente usted no es persona mala ni discípulo del Diablo. Me refería a la gente en general. A pesar de que el Budismo pueda tener ideales muy elevados, no me interesa aprenderlos." El Sr. Yan simplemente reaccionó con una sonrisa sin exteriorizar ninguna opinión. Había venido con el propósito de preguntarme sobre el futuro de su carrera. Pude darle una lectura que no sólo incluyó su propia suerte, sino también la carrera y el negocio de su hermano. Los datos que revelé eran tan precisos que incluso la Sra. Yan se sorprendió mucho.

"¿Verdad que uno de sus hermanos es oficial de la policía en Hsinhua, Tainan?" le pregunté.

"Sí; antes practicaba Judo y era muy saludable. Pero, últimamente su salud ha decaído. ¿Sabe usted qué le pasa?"

Al lado del Sr. Yan estaba su señora. Ella bajó la cabeza y se sonrió. Pensó que no podía decir nada de la enfermedad de un oficial de policía que se encontraba en un lugar distante. Silenciosamente recité el mantra de la invocación y pedí orientación; luego les dije que se trataba de tuberculosis. Al escucharlo, el Sr. y la Sra. Yan se miraron. El Sr. Yan movió la cabeza afirmativamente mientras la sonrisa de la Sra. Yan se congeló.

Luego la Sra. Yan apuntó su dedo a una estatua en el altar y preguntó: "¿Qué Buda es ese?"

"Es el Buda de la Medicina."

"¿Y ese?"

"Es el Buda Amitabha del Paraíso Occidental."

"¿Y ese?"

"Es el Buda Sakyamuni."

Su dedo apuntó hacia cada uno de los Budas. Cuando terminó la primera fila, siguió con la segunda. Entonces el Sr. Yan le dijo: "No sigas señalando con tu dedo hacia esas estatuas; es una manera muy descortés." Aún antes de terminar la frase algo extraño sucedió.

En un instante, la otra mano de la Sra. Yan se movió hacia arriba y se unió con la mano con que estaba apuntando hacia el altar, formando así el gesto de la oración. Luego su cabeza comenzó a inclinarse hacia abajo, subía y continuaba inclinándose continuamente. Ella no pudo separar sus manos ni parar el movimiento de la parte superior de su cuerpo. Se estaba inclinando a los Budas, aunque un poco exagerado, ya que lo hacía con mucha velocidad. Al no saber qué hacer, la Sra. Yan gritó: "¡Ayúdenme, ayúdenme, no sé qué hacer, no logro parar este movimiento!" El Sr. Yan se había quedado petrificado.

Parado al lado de ellos enfoqué la situación con mi visión psíquica y vi dos protectores del altar; uno era el tercer príncipe Nata y el otro el segundo príncipe Chincha, su asistente. Uno estaba en el aire empujando con ambas manos la nuca de la Sra. Yan, haciéndola mover la cabeza hacia abajo y hacia arriba. El otro agarraba las manos de la Sra. Yan y a la vez las hacia mover para arriba y abajo. Por eso ella no podía parar esos movimientos. También vi una luz saliendo de los ojos de la estatua de la Santa Madre Celestial Matzu, que cerraba los ojos de la Sra. Yan. Por eso ella gritó: "¡Mis ojos, mis ojos, no puedo abrir mis ojos!"

Entonces le dije: "Para parar el movimiento de su cuerpo y abrir sus ojos, sólo tiene que rezar mentalmente tres veces: 'Por favor, perdónenme por haber sido tan descortés.' Cuando el movimiento pare, tiene que inclinarse cinco veces en agradecimiento." Ella se llevó de mis instrucciones y volvió a la normalidad. Luego suspiró: "¡Oh, eso realmente existe! Hemos venido principalmente para probar sus habilidades. Ya veo que esas cosas que se llaman lecturas espirituales en verdad existen". Desde esa experiencia la Sra. Yan no volvió a faltar el respeto a las deidades en mi casa. Aunque era cristiana, después de ese incidente cada vez que venía a visitarme se inclinaba respetuosamente con sus manos unidas hacia el altar. Me dijo: "Fue mi primera experiencia psíquica con el reino espiritual. Fue muy real."

Más adelante el Sr. y la Sra. Yan lograron desarrollar sus energías psíquicas y se activaron psíquicamente.

Otro caso es el del Sr. Lai. En una ocasión se invitó el cuerpo de división de la Madre Dorada en mi altar (en el Templo Lei Tsang) al Templo Tz'iu Hui Nan Yang en Tainan para guiar y orientar a la gente. Lai Yi Hsiung, un Budista muy devoto y director de ese templo había venido para pedirme llevar la imagen consagrada de la Madre Dorada a su templo. Sin embargo, el padre del Sr. Lai no era persona religiosa y a menudo se emborrachaba y hablaba duro delante del altar sin dar ninguna importancia a la santidad del lugar. Una vez el padre del Sr. Lai tuvo una experiencia parecida a la de la Sra. Yan. Una fuerza desconocida lo mantenía arrodillado en el piso sin que pudiera levantarse y su cabeza se mantenía tocando el piso continuamente hasta que la piel de su frente sangró. Sólo terminó cuando el Sr. Lai y su madre se arrodillaron delante del altar rogando el perdón a las deidades por la ignorancia del viejo. Desde ese entonces más nunca el padre del Sr. Lai se atrevió irrespetar el poder de la Madre Dorada del Estanque de Jade. Cada vez que pasaba por el altar lo hacía correctamente vestido y actuaba con reverencia.

Sin que uno lo sepa, las deidades están presentes y observan a uno. Un devoto siempre actúa pensando en la presencia se las deidades y nunca procede con irrespeto. Los dioses y Budas se muestran siempre muy amables y compasivos, sin embargo, cuando alguien se comporta en forma impropia, los protectores de las deidades no se quedan como si nada estuviese pasando.

Hay muchas religiones distintas en este mundo. En Budismo sólo hablamos de ochenta y cuatro mil senderos en que cada uno sigue una enseñanza secreta diferente. Es una manera de servir y guiar a los diferentes seres sintientes. Aunque las religiones son numerosas, en su mayoría comparten la misma meta. Sin embargo, a menudo la gente cree que su propia religión es la única verdadera y todas las demás están equivocadas. Por ejemplo, algunos Católicos consideran el Protestantismo como una desviación mientras algunos Protestantes conciben al Catolicismo como un culto estancado. Esos prejuicios dirigidos de un grupo a otro y que envuelven las enseñanzas de Cristo seguramente no fueron el legado dejado por el mismo Jesús cuando fue crucificado.



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Presentado por Renate Roos.
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