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El Loro Ángel.
Por Ko-hsing Li


A través de la historia, los chinos han sido creyentes de la reencarnación dentro de los seis reinos de transmigración y, por lo tanto, aceptan que los seres humanos pueden renacer como otras especies vivientes después de la muerte, al igual que diferentes seres pueden renacer como seres humanos. La literatura antigua china contiene numerosos testimonios de este fenómeno. Los estudiosos occidentales a su vez han empleado la hipnosis para investigar las vidas previas del hombre, llegando a resultados similares a las observaciones de los antiguos chinos y que confirman que el espíritu podrá reencarnar como ser humano o como otro tipo de ser viviente.

Personalmente he tenido la oportunidad de conocer varios de estos casos y deseo exponer uno de ellos por este medio.

El Señor Jom vive con su familia en San Francisco, California. En 1994, como regalo de navidad, sus hijos le trajeron un loro llamado Ángel (en chino An-tzu). El loro todavía no tenía un año y era muy desenvuelto, inquieto e inteligente. Cada vez que alguien llamaba, imitaba el sonido del teléfono hasta que alguien contestaba. Aun cuando dormía el teléfono sonaba, abría los ojos y emitía un sonido agudo.

Siempre que la Señora Jom regresaba del trabajo y Ángel escuchaba el ruido del motor de su coche, brincaba de alegría y emitía sonidos. También cuando el hijo mayor del matrimonio llegaba, lo recibía con un alegre silbido.

A Ángel le encantaba comer arroz y fideos, era muy comelón y le gustaba picar los huesos de la carne. Todos los días se quedaba observando en la cocina para saber lo que la señora Jom estaba preparando. Cuando se le olvidaba servirle de una vez, Ángel pedía la comida con fuertes chillidos. Incluso cuando la familia comía, venía a la mesa pidiendo comida. Siempre comía lo que le gustaba y dejaba lo otro. A veces, cuando la señora Jom comía fideos y algunos se le caían, enseguida él los agarraba y los comía.

La señora Jom le puso un pequeño plato, pero él no lo usaba. Sólo quería comer con la gente y le encantaba sentarse en el borde del tazón del Señor Jom para picar los granos de arroz.

Anteriormente los Jom tenían otro loro, pero su comportamiento era totalmente distinto de Ángel, únicamente comía granos para pájaros y bebía agua.

El señor y la señora Jom son Budistas. A principio del mes de septiembre de 1995, la señora Jom escuchó el casete del Dharani de la Gran Compasión para aprender ese canto. Cuando Ángel oyó ese Dharani, se paró delante del reproductor de casetes, abrió sus alas, bajó la cabeza y se quedó tocando la mesa con la cabeza sin cesar, igual a un hombre que realiza una postración. Con cada inclinación se movía un poco hacía atrás hasta que cayó de la mesa.

Al ver esto, el señor Jom lo levantó y lo colocó de nuevo sobre la mesa. Parecía como si volviese en sí de un sueño, sin recordar lo que había hecho.

Más tarde, cuando la señora Jom me contó el incidente, Ángel estaba en su hombro haciendo sonidos de aprobación, moviendo su cabeza en afirmación.

Ambos, el señor y la señora Jom veían extraño el comportamiento de su loro y para descubrir la causa detrás de ello, decidieron consultar con la Venerable Maestra del Loto Púrpura de la Escuela Tántrica del Verdadero Buda, que tenía la habilidad de comunicarse también con seres no humanos.

La maestra, después de entrar en un estado meditativo, escuchó al Buda decir lo siguiente: "El loro en su vida anterior era un practicante avanzado del Budismo. Pero, lamentablemente, había violado un precepto esencial; creó discordia entre la gente y les causó daño por diferentes medios. Con su temperamento áspero habló mal a la gente perturbando su estado de paz. Aunque luego se lamentó, su arrepentimiento no fue sincero. Además, difamó el buen nombre de mucha gente. Con todo este comportamiento arruinó su futuro como practicante budista y como retribución kármica tuvo que renacer en esta vida como loro."

Ángel brincó desde el hombro de la señora Jom a la mesa de la maestra para contarle su historia a su propia manera. Emitió chirridos como si hablara y la señora Jom se quedó impresionada. Ángel habló en un lenguaje que la maestra pudo entender, diciendo: "Ya es muy tarde; mi arrepentimiento quedó incompleto; el castigo es muy fuerte; cometí graves faltas; sólo tengo un deseo."

Luego la maestra explicó lo que Ángel trató de expresar. "Él reconoce que actuó mal, pero ahora es muy tarde. Aunque se había arrepentido, no fue de todo corazón ni tampoco corrigió su conducta. Como consecuencia, renació en el reino animal y comprende que es la retribución por sus faltas. Su único deseo es arrepentirse de lo que hizo y pedir el perdón de los Budas. Desea volver a tener un cuerpo humano para seguir las enseñanzas del Buda y acabar su sufrimiento."

El loro en su vida anterior era un hombre, llamado Chin Yi-fei, de un temperamento muy fuerte. No lograba relacionarse en armonía y paz con los demás. Sin embargo, era buen cultivador del Budismo y ninguno de sus compañeros estaba tan avanzado como él. Había leído muchas escrituras budistas, recitado muchos mantras y era muy diligente. Cuando Chin pensaba que los demás no le rendían suficiente respeto, se puso furiosos e incluso los confrontaba agresivamente.

También la señora Jom había sido un cultivador budista en su vida anterior y fue el mejor amigo de Chin Yi-fei. No estaba de acuerdo con su conducta y a menudo lo aconsejaba. Sin embargo, no logró que cambiara y finalmente se cansó de aconsejarle.

Después que Chin Yi-fei murió, perdió la forma humana debido a la ley del karma. Como antes era un practicante avanzado del Budismo, todavía pudo mantener su inteligencia y su sabiduría y, por lo tanto, reconoce los beneficios de la práctica aun después de reencarnar como loro. Está feliz por poder vivir en un ambiente religioso y tiene la esperanza de que la señora Jom, su amigo de la vida anterior, le ayude.

Esa afinidad fue la causa por la que los hijos de los Jom encontraron ese loro y lo trajeron como regalo a su casa. De este modo Chin Yi-fei volvió a estar en compañía de su amigo de antes, esta vez en la persona de la señora Jom. Ella le ayudó a conectarse de nuevo con el Budismo y además le transfiere los méritos de sus prácticas, rezando sutras y mantras.

En la noche del 16 de septiembre, la señora Jom decidió llevarse a Ángel a un culto budista al templo. Cuando cada uno se presentó, también el loro lo hacía complacidamente con un chillido llamativo. Luego, la maestra relató a la audiencia la historia de Ángel y él reconfirmó todo con cortos sonidos moviendo su cabeza en afirmación.

El 13 de octubre, la señora Jom reprodujo de nuevo el casete del Dharani de la Gran Compasión y, cuando Ángel lo escuchó, entró en un estado de meditación. En su vida anterior obtuvo bendiciones por la frecuente recitación de ese Dharani. Al escucharlo en ese momento, se recordó de aquella vida y sintió un gran pesar.

El día siguiente, la señora Jom me contó que cuando ella reprodujo el casete del Dharani de la Gran Compasión, los ojos de Ángel quedaron abiertos y por mucho tiempo se quedó totalmente tranquilo, como si estuviese concentrado en algo. Luego, vomitó toda la comida que tenía en el estómago y no quiso comer ni beber más. Mientras duraba el canto del Dharani, se postraba frente al reproductor de casetes. Entonces, ella fue a ver a la maestra de nuevo para contarle que Ángel se estaba negando de comer desde el día anterior y que no se veía bien. Sus ojos habían perdido el brillo. El día anterior todavía avisaba las llamadas telefónicas, pero ahora ya no emitía ningún sonido. Parecía que sufría mucho y su salud se estaba deteriorando. Emocionalmente todavía reaccionaba normal, ya que disfrutaba cuando alguien lo acariciaba.

Todavía a las 10:30 p.m. la maestra se quedó hablando con Ángel y yo lo grabé en un casete. Luego, la Maestra nos tradujo la conversación con el loro. Decía: "Renací como loro debido a mi mal karma. Deseo ahora terminar con este estado y salir del reino animal. Por favor, libere mi espíritu y ayúdeme a renacer como ser humano."

La maestra le contestó: "Liberar tu espíritu no es problema, te daré las bendiciones en un momento."

El loro, captando que la maestra no decía nada sobre terminar su sufrimiento, preguntó: "Aunque maté y difamé a la gente en mi vida previa, ¿es posible poner fin a mi sufrimiento ahora? No he comido nada desde casi tres días para poder salir de este cuerpo."

La maestra le contestó: "Tu sufrimiento obedece a la causa que tú mismo estableciste; es la retribución kármica. [Esto significa que todavía no puede salir del reino animal, aunque lo desea.] Reza a los Budas y maestros."

El loro dijo: "Estoy sufriendo mi pena y pido que los Budas me ayuden; ruego que me bendigan y me instruyan. No quiero continuar como loro, quiero volver a ser hombre."

Diez minutos después la maestra efectuó el ritual de la liberación para el loro. Le roció agua de la Gran Compasión, recitó el mantra, formó el mudra del vajra con la derecha y le transmitió fuerza espiritual mediante diferentes gestos manuales.

El loro se quedó muy tranquilo durante todo este proceso. Luego, la maestra le dijo: "El arrepentimiento te ayudará. Los Budas decidirán si puedes salir del reino animal. Reza por la intervención y las instrucciones de los Budas." Finalmente, la maestra entregó una botellita de agua de la Gran Compasión a la señora Jom para que se la diera a beber a Ángel en la casa.

El loro duró tres días sin comer y la señora Jom trató de animarlo diciéndole frecuentemente: "De acuerdo al Budismo, suicidio es lo mismo que matar, lo que a la vez significa matar al Buda. En lugar de acabar con este karma te llenarías de otro aun peor. Si te suicidas ahora, tu karma todavía perdurará y tendrás que volver a nacer en el reino animal para sufrir aun más. Trata de resistir tu retribución como una penitencia y acepta seguir como el loro que ahora eres. Te prometo que te seguiré ayudando."

La señora Jom no estaba segura si logró convencer a Ángel con sus consejos y de todo modo preparó una cajita para un funeral.

Al tercer día, el señor y la señora Jom pusieron el loro frente al altar. Ángel se arrepintió delante de los Budas y aceptó su retribución kármica. Ese mismo día volvió a comer.

En la tarde del 28 de octubre, me encontré con la señora Jom y ella me contó: " Ángel está bien y luce contento. Cantamos todos los días el Mantra para Renacer en su nombre." Observé que los ojos del loro brillaban de nuevo lleno de vida y sabiduría.

En varias ocasiones pregunté a los señores Jom si realmente creen la historia de Ángel y la señora Jom me contestó: "Todo sucedió delante de mis ojos, ¿cómo podría no creerlo?" El señor Jom dijo: "Claro que lo creo; no tengo ninguna razón para dudarlo; fui testigo de todo."

El 31 de diciembre de 1995, la señora Jom presentó el loro en el Centro de Actividades del "World Journal Daily News". Desde el escenario y delante de cuatrocientas personas de diferentes lugares, ella contó la historia de Ángel.



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