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con el Padmakumara.

Por el Buda Viviente Lien-shen (Maestro Sheng-yen Lu)
Del Libro 129, "Penetrando en Zonas Recónditas del Yin-Yang".

El Cambio del Destino de Han Li

Un hombre llamado Han Li se enfermó muy seriamente y tuvo que ser hospitalizado. En un estado inconsciente, de repente vio a dos hombres vestidos de negro pararse al lado de su cama. Ambos lo agarraron para llevárselo con ellos. Aunque Han Li trató de resistir, nada le valió. Lo llevaron a un lugar parecido a un tribunal de viejos tiempos. A ambos lados había una hilera de hombres vestidos de negro y caras duras, mientras en el presidio había una especie de magistrado con una capucha adornada de perlas y una toga bordada.

El magistrado preguntó: "¿Es usted Han Li?"

Han Li se acercó y con un sentimiento de infractor se inclinó y respondió con un sí.

Entonces el magistrado dijo: "Han Li, aunque en el mundo humano usted desempeña funciones de juez, se ha hecho culpable de actos de corrupción y ha aceptado sobornos. En numerosas ocasiones su insaciabilidad le ha llevado a soltar los culpables y condenar los inocentes. La grave enfermedad que está sufriendo sólo es el comienzo de sus castigos. Los jueces a ambos lados determinarán a qué infierno tendrá que ir."

La cara de Han Li se tornó gris.

Los jueces de la izquierda dijeron: "Le toca ir al "Infierno de las Monedas Ardientes." (En ese infierno los seres deben tragarse monedas de cobre rojo ardientes.)

Cuando Han Li escuchó esto, casi se desmayó. Recordó cuán duro había estudiado y trabajado para lograr su posición y cómo las circunstancias le habían forzado a aceptar sobornos, lo que luego se convirtió en una costumbre que ahora está acabando con él. Era cierto, había cometido muchas injusticias y pronunciado sentencias adulteradas; estaba consciente de que se merecía el castigo del infierno. Se arrepintió profundamente, pero sentía que ya era demasiado tarde. Sin restarle ningún honor ni dignidad, se veía frente a un terrible precipicio.

En ese momento, de repente se oía el sonido de recitaciones de un mantra: "Om, Guru Lien-shen Siddhi, Jom."

"¿Qué mantra se está escuchando?" preguntó el magistrado. Los jueces de la derecha contestaron: ""Es el Mantra del Corazón del Padmakumara."

"¿Quiénes son los que recitan ese mantra?"

"Es un grupo de voluntarios del la Escuela del Verdadero Buda."

Junto con el sonido del mantra aparecían bellísimas luces con flores de loto en el tribunal. Al principio esos brillantes lotos eran pequeños, pero a medida que giraban se hacían más grandes y emitían una hermosa fragancia en todo ese lugar.

Han Li también comenzó a acompañar las recitaciones: "Om, Guru Lien-shen Siddhi, Jom..." Tan pronto pronunció el mantra, sintió que su cuerpo se hacía más liviano. Mirando hacia abajo, vio que debajo de ambos pies había un loto que lo sostenía. Han Li continuó recitando el mantra con más entusiasmo y fuerza y los lotos cada vez crecían más hasta que en un instante su cuerpo entero se elevó al espacio sustentado por esos flores de loto.

Desde abajo los jueces gritaron: "El culpable se está yendo; rápido, ¡emita la sentencia!"

El magistrado dijo: "¡Calma, calma! Este es un mantra muy poderoso que ha cambiado el destino de han Li. Hace un momento él se arrepintió de corazón y tan pronto se arrepintió, pudo valerse del poder purificador del mantra. Esto es un hecho de gracia y por eso hay que dejarlo ir."

Aunque han Li estaba volando por el aire, pudo oír cada palabra del magistrado. Unió las palmas de sus manos, miro hacia el magistrado y se inclinó con respeto.

Cuando Han Li se despertó y abrió los ojos, veía alrededor de él un grupo de personas extrañas que recitaban un mantra con sus manos unidas, el mismo Mantra del Corazón del Padmakumara. Él no conocía esa gente. Uno de sus parientes era discípulo de la Escuela del Verdadero buda y cuando Han Li entró en un estado crítico de enfermedad, pidió a varios compañeros del templo ayudarle a recitar el mantra. Muy agradecido, Han Li saludó al grupo con un movimiento de la cabeza.

Aunque el estado de Han Li era de gravedad, pronto experimentó un cambio milagroso, y se recuperó. De ahí en adelante Han Li dio a su vida un giro muy grande. Al principio no comentó a nadie la experiencia que tuvo en el bajo mundo. Se dedicó a leer los libros escritos por el Gran Maestro Sheng-yen Lu y luego escribió pidiendo la iniciación del refugio a distancia.

Más adelante, viajó dos veces a Seattle para participar en diferentes ceremonias del Dharma del Verdadero Buda. En esas dos ocasiones todavía no mencionó su experiencia, porque siendo juez temía la publicidad y el bochorno. Fue durante su tercera visita al Gran Maestro cuando finalmente decidió contarle toda su historia.

Me dijo: "Si el Gran maestro desea escribir un artículo acerca de lo que me sucedió, ruego que cambie mi nombre."

"Así será." Por lo prometido, Han Li sólo es un seudónimo.

El Regalo de Su Santidad El Ganden Tripa Rimpoché

Su Santidad El Ganden Tripa, Superior de los Gelugpa del Tibet, me distinguió con una de sus togas ceremoniales personales. Detrás de esta toga que distingue a un Rimpoché está una historia escondida que solo pocos conocen.

Su Santidad El Ganden Tripa me ha oído mencionar por mucho tiempo y tenía en el altar de su monasterio de Shavagon la imagen del Buda Viviente Lien-shen. Esa imagen está en dos monasterios tibetanos, en el Ganden Sokpa y en el Shavagon.

En una ocasión, su Santidad El Ganden Tripa visitó la costa este de los Estados Unidos. Deseaba también viajar a Seattle para conocer el Templo Ling Shen Ching Tze y hacerme una visita. Tenía en mente entregarme como ofrenda de distinción su toga ceremonial.

Después que su intención se conoció, el Rimpoché recibió dos cartas acusatorias. Una decía que el Buda viviente Lien-shen era un demonio y bajo ninguna circunstancia el Rimpoché debía darle la toga ceremonial.

La segunda carta señalaba que tomando en cuenta que el Buda Viviente Lien-shen no era tibetano, la toga del Rimpoché no le correspondía y no debía caer en sus manos.

Esas cartas despertaron ciertas dudas en la mente del Rimpoché. ¿Sería correcto entregar la toga que distingue a un Rimpoché a alguien que no era un Rimpoché tibetano? ¿Podría entregarse esa toga a alguien que después resultaría ser un demonio?

"Por favor, no vaya," rogó uno de los lamas que atienden a su Santidad El Ganden tripa. "Debemos creer en lo que dice el maestro que escribió las cartas, porque él tiene conexiones muy poderosas," dijo un segundo ayudante.

Otro Lama opinó: "Este Buda viviente Lien-shen es una figura muy controversial. Casi todas las sectas budistas tradicionales están en su contra."

"Bueno..." su Santidad el Ganden Tripa no podía decidir qué hacer. Si fuera y entregara la toga a Sheng-yen Lu (nombre civil del Buda Viviente Lien-shen) y después resultara el líder de un culto desviado, ¿no sería eso un problema? Por otro lado, si no lo hacía y el Buda Viviente Lien-shen al fin era un Santo Iluminado, dedicado a la práctica genuina, mientras todos esos rumores opacaban su verdadera identidad, ¿no perdería él una oportunidad de oro? Realmente estaba frente a un dilema.

Su Santidad El Ganden tripa también tenía su propia percepción de Sheng-yen Lu, viéndolo como alguien completamente fuera de lo común: era autor de más de cien libros, maestro de cuatro millones de discípulos, conocedor del extenso Canon Budista, comentador extraordinario, alguien que alcanzó realizaciones profundas y que estaba envuelto en numerosas historias y leyendas. Una persona de tales logros tenia que ser un pilar sobresaliente en el círculo religioso.

Para cuestionarse internamente lo que debía hacer, Su Santidad El Ganden Tripa entró en meditación y vio lo siguiente: Delante de él se manifestó un gran sol y en medio del sol estaba el mismo Buda Viviente Lien-shen.

Lo que el Ganden Tripa vio fue exactamente lo mismo que Kong Tang Dain bel Wang Chug Rimpoché había visto en su meditación. Por separado, los dos tuvieron la misma visión.

Entonces, Su Santidad El Ganden Tripa decidió venir al Templo Ling Shen Chin Tze en Seattle y entregarme su toga ceremonial.

"Por poco pensamos que usted era un demonio." Me apretó fuertemente las manos.

"Si yo fuera un demonio, estoy seguro que nadie de círculos externos hubiera llegado a saberlo," le dije.

"Entonces, ¿quién es?"

"No soy nadie, simplemente soy lo que soy."

"¿No se ofende con tantas difamaciones?"

"Hace mucho me acostumbré a ellas," respondí con una sonrisa.

Su Santidad el Ganden Tripa me entregó un poema de ovación, escrito en tibetano. Dice lo siguiente:

Aunque brillen miles de estrellas,
en comparación con el gran sol son insignificantes;
aunque con el bastón de joyas de la propagación del Dharma en mano,
a espaldas se presentan los enemigos;
aunque los sabios y estudiados son numerosos,
antes de manifestarse el sol de todos los seres
¿quién puede quitar la sombra de la oscuridad?
Sentado en el asiento de loto del Tantrayana
Usted, el salvador compasivo,
nos beneficia con la esencia de la enseñanza auténtica del Buda
y nos concede la lluvia dorada de la auspiciosidad.




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