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Cómo Vencer los Cinco Venenos
(codicia, odio, ignorancia, duda, orgullo)

Por el Gran Maestro Sheng-yen Lu, Redmond, 11 - 15/10/93


Los Antídotos de la Codicia

Anoche un discípulo me dijo: "Aun sabiendo muy bien que todo lo que existe es pasajero, simplemente no logro controlar la codicia y los apegos."

Aun después de estudiar las implicaciones de la impermanencia según el Buda-dharma, persistimos con nuestro apego al dinero. Mientras más tenemos, más queremos. ¿Cuándo quedaremos satisfechos? Una respuesta sincera es: "nunca". Cuando la gente está gobernada por los deseos, sin jamás sentirse satisfecha, esto se llama codicia. ¿Cómo podemos pararla?

Nuestra codicia no se limita al dinero. Andamos detrás de un elevado estatus social, beneficios materiales y sexo. ¿Podemos encontrar en el Buda-dharma algún antídoto para la codicia?

El Budismo Hinayana opta por la meditación en la impureza del cuerpo humano, tanto de uno mismo como de los demás, ya que todo lo que existe es impuro y está sujeto a la decadencia. Según este enfoque, el que tiene apetencias sexuales, puede meditar visualizando que su objeto del deseo gradualmente se descompone hasta que sólo queda un esqueleto.

En el Budismo Mahayana, el antídoto es la meditación en la imparcialidad. Debemos desarrollar compasión hacia todos los seres sintientes y tratarlos como iguales. No debemos proceder con una mente discriminativa. Para detener nuestra codicia, debemos comprometernos con promesas y votos altruistas. Debemos proceder con mucha compasión hasta conquistar el nivel del "no-ego".

Entre los cinco venenos (codicia, odio, ignorancia, duda y orgullo), para el Budismo Vajrayana la codicia es el más difícil de desarraigar. Para acabar con la codicia, debemos transformar mediante la meditación la codicia en vacuidad, parecido a convertir un lugar sucio mediante la limpieza en un lugar impecable. Sólo el Vajrayana emplea este método de la purificación. De este modo, la codicia llega a verse equivalente a vacuidad.

En conclusión, para liberarse de la codicia y de los apegos, los seguidores del Theravada concentran su meditación en la impureza y en esqueletos. Los seguidores del Mahayana se comprometen con votos del Bodhi para proceder en forma altruista, tratando a todos los seres con igualdad, mientras los cultivadores del Vajrayana transforman la codicia y los apegos en vacuidad.

Todo estos son teorías. Para realmente parar nuestra insaciabilidad, debemos poner en práctica lo que hemos explicado. Espero que ahora puedan arribar a una mejor comprensión de los antídotos de la codicia y de los apegos.


Los Antídotos del Odio

Ayer hablé sobre los antídotos de la codicia, hoy enfocaré los antídotos del odio.

Los cinco venenos, la codicia, el odio, la ignorancia, la duda y el orgullo, son rasgos en algún grado presentes en todos los seres humanos. Si logramos purificar nuestro cuerpo, nuestra palabra y nuestra mente y si llegamos a transformar los cinco venenos en las Cinco Sabidurías de los Budas, nuestra naturaleza búdica se manifestará.

Debemos producir el proceso de la transformación para cambiar nuestra naturaleza humana ordinaria en naturaleza búdica. A través de la cultivación de las "Cuatro Virtudes Ilimitadas" (benevolencia, compasión, alegría y ecuanimidad), poniéndolas en práctica, seremos capaces de alcanzar el nivel del no-ego o vacuidad del yo y erradicar todo el odio. Una vez que hemos perfeccionado las cuatro virtudes ilimitadas, no nos resta ningún odio, ya que hemos llegado más allá de la conciencia mundana.

El Hinayana pone énfasis en la cultivación del no-ego para trascender toda la agresividad. No es posible que surja odio, después que se comprenda la no-existencia del ego. Luego, tampoco hará falta tener que pedir perdón. La comprensión del "no-ego" y "no seres sintientes" se emplea para trascender el odio.

Podemos observar que muchos protectores del Budismo tántrico se ven muy iracundos, con ojos lleno de ira. Sin embargo, antes de asumir su papel, los protectores como Yamantaka, Acala y Ucchusma han hecho su meditación sobre el odio. ¿Por qué? Porque usan su mirada feroz para proteger el Dharma. Al representar tanto la ira como la vacuidad, se conocen como deidades iracundas del Vajra. Su ira nace de la benevolencia que procura salvar a todos los seres sintientes. Son protectores del Dharma que representan tanto el odio como la benevolencia y la vacuidad.

La ira de las personas comunes es degradante, porque nace de un interés destructivo. En cambio, la ira de los protectores del Dharma es altruista y compasiva, porque nace del interés en liberar a todos los seres sintientes. Su ira es una manifestación de odio, benevolencia y vacuidad al mismo tiempo. Su mirada iracunda es diferente que la de los seres ordinarios. La gente se enfada como reacción a la pérdida de algo, mientras los protectores del Dharma emplean la ira porque quieren liberar a los seres y proteger el Dharma.

Las deidades iracundas del Vajra en los altares de los cultivadores tántricos lucen realmente terribles, pero su ira está más allá de toda la bajeza de los seres humanos.


Los Antídotos de la Ignorancia

Después de hablar sobre la codicia y el odio, hoy tocaremos el tema de los antídotos de la ignorancia.

Mucha gente nace con una pobre memoria o con poca inteligencia. Por lo tanto, podemos considerar a la ignorancia como una característica con que en algún grado nacemos. ¿Cuáles son sus antídotos?

Hay dos palabras que engloban todo: esfuerzo y diligencia. Una persona podrá necesitar sólo cinco minutos para memorizar determinada tarea, mientras otra, con menos inteligencia, durará cincuenta minutos haciendo lo mismo. Un individuo astuto hará en una hora lo que a otro, de pocas habilidades, le toma diez horas. Un proverbio chino dice: "El esfuerzo duplicado compensa las limitaciones."

El esfuerzo y la diligencia también son recomendados por el Hinayana y el Mahayana para superar nuestras deficiencias. Si no ponemos esfuerzo extra, será muy difícil, si no imposible, vencer nuestras limitaciones y aumentar nuestras destrezas. A algunos de nosotros les cuesta razonar con lógica, ni hablar de establecer inferencias o comparaciones.

La "Sabiduría del Bodhisattva Akasagarbha" es un dharma empleado por los cultivadores del Tantra para mejorar su memoria y aumentar su inteligencia. Originalmente este Dharma fue transmitido por el monje japonés Kong-Hai, inmediatamente después de haber obtenido una respuesta espiritual. Incluí esta práctica en mi libro titulado "Las Prácticas del Tantrayana".

Según mi saber, nuestro IQ (cociente de inteligencia) depende de los ocho caracteres presentes en nuestro nacimiento: año, mes, día y hora, cada uno con su ramo celestial y su ramo terrenal. Estos caracteres determinan la fuerza de la luz que un individuo recibe del sol, de la luna, de las estrellas y de este planeta. La intensidad de esas luces presentes a la hora de nacer determina la inteligencia de un individuo.

Un cultivador que desea mejorar su memoria y su comprensión y adquirir sabiduría, debe poner esfuerzo extra en sus prácticas espirituales. De otro modo, jamás podrá superar sus limitaciones.

De hecho, si no trabajamos muy duro, no será posible obtener sabiduría ni podremos alcanzar la Iluminación. Tomando esto en cuenta, una de las "Seis Perfecciones" (paramitas) se llama "esfuerzo", invitando a todos los cultivadores a trabajar diligentemente para superar sus deficiencias.


Los Antídotos de la Duda

En días anteriores hablé sobre cómo podemos trascender la codicia, el odio y la ignorancia y hoy enfocaremos la duda. Tener dudas es muy común entre los seres humanos. El Budismo Zen ni siquiera procura disipar la duda, sino anima a sus discípulos a ver las cosas con duda. Del Zen proviene el dicho: "Gran duda - gran Iluminación; pequeña duda - pequeña Iluminación; ninguna duda - ninguna Iluminación."

Aun así, el Zen no alienta a sus discípulos a dudar del Buda-dharma. A pesar de que la duda puede servir de llave para abrir la puerta de la verdad, no debemos poner en duda el Buda-dharma enseñado por el Buda Sakyamuni o nuestro gurú.

Los koan del Zen se conocen por su técnica de preguntas para encontrar la verdad última. Por ejemplo, ¿quién recita el nombre del Buda? Una respuesta rápida sería: Soy yo quien recita. Pero, ¿quién soy yo realmente y de donde vine? Continuando la cadena de preguntas, se podrá encontrar la verdad última.

Anteriormente a los maestros del Zen les encantaba preguntar: "¿Adónde está tu mente?" Al buscar la mente, eventualmente encontraremos la verdad. Este es el método de enseñanza empleado por el Budismo Zen.

En Tantrayana, la duda es transformada en indestructibilidad a través de la experiencia. De este modo, no resta ninguna duda. La mayoría de los seres humanos están llenos de dudas, cambiando de parecer continuamente. Después de sufrir una leve decepción pierden la fe. La duda y la indecisión son rasgos comunes de los seres humanos. Hoy tienen fe, mañana la pierden; pasado mañana la recuperan, solo para volver a perderla. Es un círculo vicioso. Dudan de sus maestros, del Buda-dharma, de la ley de causa y efecto, de la existencia de karma e infinitas cosas más.

Los maestros nos han enseñado que una fe firme en el Buda-dharma nos permite lograr la automaestría, lo que es una meta elevada. Por lo tanto, debemos desarrollar una fe inquebrantable en el Buda-dharma y confiar en nuestro gurú que nos transmite el linaje. Al lograrlo, todas nuestras dudas se disiparán y podremos llegar a grandes realizaciones.

El Zen usa las preguntas para encontrar la verdad. El Tantra erradica las dudas por medio de las experiencias espirituales. Cuando nuestros cuerpos se llenan de chi, nuestros canales internos de energía se abren y podremos experimentar la luz. Si logramos elevar nuestras gotas de luz y solidificarlas (en forma de sariras), podremos alcanzar logros espirituales extraordinarios. Una vez que probamos este "sabor del Dharma", más nunca perderemos la fe y la confianza. Por otro lado, los que continuamente alimentan las dudas, jamás podrán disfrutar logro espiritual alguno.

Los seres humanos ordinarios ven con dudas la ley del karma y el Buda-dharma. Sólo los Sabios y los practicantes del Zen van más allá de la duda para penetrar al fondo de las cosas y eventualmente alcanzan la Iluminación espiritual.

Debemos discernir entre dos tipos de dudas: la de los seres ordinarios, que es la causa de su inestabilidad, y la de los Sabios, que sirve como una llave para abrir la puerta de la verdad.


Los Antídotos del Orgullo

Hoy hablaremos acerca del orgullo o la autocomplacencia que menosprecia a los demás.

Generalmente, los cinco venenos (la codicia, el odio, la Ignorancia, la duda y el orgullo) son rasgos comunes de los seres humanos. El Hinayana enseña desarrollar una mente imparcial como antídoto del orgullo. Cuando tratamos a todos los seres como iguales, jamás actuaremos con arrogancia. Debemos comprender las enseñanzas del Budismo, que pone énfasis en la negación del ego, de seres humanos y de seres sintientes.

El Bodhisattva (ideal del Mahayana) actúa enteramente para el beneficio de otros, jamás procede con orgullo. Por lo tanto, en Mahayana el acento está en el altruismo. Si motivados por la compasión favorecemos a seres desafortunados, de pocas destrezas y mentalmente limitadas, no crecerá en nuestro corazón ni la arrogancia ni el menosprecio.

Mientras que el Hinayana se basa en la imparcialidad para contrarrestar el auto-orgullo, el Mahayana lo hace a través de la compasión y el altruismo.

El Tantrayana usa un método ligeramente diferente al sostener que el orgullo del ser humano puede ser transformado en la dignidad de un Buda. ¿Qué tipo de dignidad es esta? Es el orgullo inigualable de un Buda. La diferencia de ambos es de carácter sutil.

Para salvar a otros, un cultivador iluminado se compromete con grandes votos, igual a todos los Budas. Al cumplirlos, se ganará la dignidad de un Buda que salva los seres con compasión y sin miedo.

El Buda Sakyamuni es ampliamente venerado y respetado. Su dignidad proviene de la dedicación de todas sus posesiones y de todo su poder durante toda su vida a la enseñanza del Buda-dharma para liberar a incontables seres sintientes. Jamás se vanaglorió por sus logros y se ganó la admiración de todos. Su orgullo humano murió al momento de iluminarse.

En conclusión, el orgullo se combate con la imparcialidad, según el Hinayana, y con el altruismo, según el Mahayana.



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