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Una Lección de Filosofía sobre
la Vida y la Muerte.

(Del libro # 34 "Los Secretos de la Reencarnación"
del Gran Maestro Sheng-yen Lu, publicado en chino en 1979)


Hay muchos sutras budistas, que enfocan la idea de la inmortalidad del espíritu y el tema de la vida y la muerte. Entre ellos está el Sutra de la Vacuidad de las Cinco Principales Relaciones, que contiene un análisis profundo sobre el tema de la vida y la muerte. De acuerdo al contenido de ese sutra, había un Brahmacarín (alguien que estudia las enseñanzas sagradas y que practica la pureza), que viajó desde Rajagrha a Sravasti y se encontró con dos hombres, padre e hijo, que estaban trabajando la tierra cerca de un poblado. De pronto el hijo fue mordido por una serpiente venenosa y al instante murió. Su padre continuó con el trabajo, ni lloró ni le prestó mucha atención. El Brahmacarín se acercó y preguntó: "¿De quien es hijo este hombre?" El campesino le contestó: "Es mi hijo." El Brahmacarín siguió preguntando: "Si es su hijo, ¿por qué no llora y por qué sigue con su trabajo como si nada hubiese pasado?" El campesino le contestó: "A cada nacimiento sigue la muerte, igual que el ciclo de la creación y destrucción de todas las cosas. La vida de cada persona está determinada por su karma bueno y malo. Con parar mi trabajo y comenzar a llorar, entregándome a la tristeza y al lamento, el muerto no regresa a la vida. No le haría ningún bien a mi hijo. Como usted está caminando en esta dirección, supongo que va a pasar por el poblado. Por favor, informe a mi familia sobre la muerte de mi hijo y dígales que sólo tienen que mandar comida para una persona."



El Brahmacarín entró al poblado y llegó a la casa del campesino. Encontró a la madre y le contó que su hijo murió mordido por una serpiente y que su esposo le manda a decir que sólo enviara la comida para una persona. Entonces, el Brahmacarín preguntó a la madre del muerto: "¿Por qué ni usted ni su esposo lloran, ni se ven tristes al enterarse que su hijo falleció? ¿Por qué reaccionan como si nada hubiese pasado?" La madre dijo al Brahmacarin: "No estaba en mi poder que mi hijo naciese en este mundo; él no vino porque lo hubiese llamado. Hoy mi hijo murió y no tengo poder de retenerlo. Era como nuestro huésped que llegó por si mismo y ahora se fué sin que lo podemos retener. Con tornamos tristes y llorar su muerte no le haríamos ningún bien a nuestro hijo."

El Brahmacarín entonces preguntó a la hermana del muerto: "Tu hermano murió y tú ¿no lloras?" Ella le respondió: "Nosotros, hermanos y hermanas, somos como los trozos de bambú que forman un arbusto. Se agrupan de acuerdo a sus ligas kármicas, pero cuando el viento sopla y rompe el arbusto, los trozos se separan. Del mismo modo, debido a los vínculos kármicos mi hermano nació en nuestra familia. Sin embargo, cada miembro de nuestra familia tiene su propio destino y su propia duración de vida. La vida es impermanente y no se puede predecir cuándo terminará. Es normal tener que separarse después de haber estado juntos por mucho tiempo. Si lloramos, caeremos en la tristeza y esto no haría bien a nadie." Luego el Brahmacarín hizo la misma pregunta a la esposa del muerto. Ella le dijo: "Los esposos son como dos pájaros en el mismo bosque. Cuando son molestados y amenazados, cada uno vuela por su lado. Hay sólo una brecha de segundos entre la vida y la muerte. Aquellos que mantienen ligas kármicas se quedarán unidos, aquellos que no, se separarán. Lo mismo vale para los esposos." El Brahamacarín también preguntó a otros miembros de la familia y todos le dieron la misma respuesta. Se quedó sin palabras y bajó la cabeza.

Cuando leí por primera vez el Sutra de la Vacuidad de las Cinco Principales Relaciones, me impresionó que ninguno de la familia mostrara sentimientos algunos. No manifestaron ni compasión ni justicia. Sus corazones parecían estar hechos de piedra. Los padres no se conmovieron frente a la muerte de su hijo y no expresaron ninguna tristeza. La esposa no sintió pena cuando su esposo murió ni la hermana se afligió con la muerte de su hermano. Esto me pareció ridículo y en contra de la ley natural. Pero, después que aprendí la verdad de los Seis Reinos de Existencia y que todos los fenómenos ocurren debido a determinadas causas y efectos, comprendí que es la Ley del Karma la que hace que surjan y se desintegren todos los fenómenos. Comprendí que no sólo nuestra vida en el pasado, presente y futuro, sino también todos los fenómenos que ocurren son el resultado de nuestras propias acciones kármicas dentro de los reinos de existencia. Por lo tanto, todo (dentro de los Seis Reinos de Existencia) es impermanente. Ahora comprendo completamente la naturaleza vacía inherente en la existencia. En consecuencia, no dedico mi vida a la satisfacción de los Cinco Deseos (relacionados con los cinco sentidos) y he dejado de preocuparme sobre la vida y la muerte. Simplemente procedo en la dirección del bien, realizando actos de benevolencia.

Cuando enfocamos la espiritualidad con la visión budista, notamos que el nacimiento y la muerte se complementan y no se contradicen. La muerte es el renacer del espíritu y es un tiempo de celebración y alegría. El Budismo enseña no tener miedo a la muerte y aceptarla como algo normal, como un fenómeno natural. No hay necesidad de llorar y de tornarse triste, porque las lágrimas y la tristeza no hacen bien a los muertos. Es mejor despedirlos conforme, ya que han terminado su karma de esta vida y no tienen que continuar con el mismo sufrimiento. Esto es digno de una celebración.

Cuando uno comprende los principios detrás de cualquier movimiento, incluyendo el nacer y el morir, uno llega a una interpretación completamente nueva del significado de la vida y de la muerte. Únicamente sería aceptable que las personas ordinarias lloren y se lamenten cuando pierden a un ser querido si sus sentimientos son sinceros. De otro modo sería irónico y hasta ridículo. En el Universo, la muerte de un ser humano es un evento muy pequeño e insignificante, y es realmente una ocasión de alegría y no de tristeza.

Ahora pienso: La muerte es un evento alegre; es el nacimiento que debe entristecernos.

Mi maestro, el Ermitaño de la Pureza (Maestro Taoísta Ching Chen) igualmente lo concibía así. Me dijo: "Los espíritus son como las mariposas, vuelan y bailan alrededor de los árboles y flores; son verdaderamente libres, sin restricciones. No tienen nada de qué preocuparse y pueden disfrutar del néctar de la naturaleza todo el tiempo. Sin embargo, aparecen los cazadores de mariposas con sus redes diabólicas. Los espíritus caen en esas trampas y tienen que reencarnar." Viéndolo con sus ojos divinos, mi maestro descubrió que los niños acabados de nacer tienen sus manos y pies atados y lloran llenos de sufrimiento. Los gritos de los bebés expresan su miedo y disgusto hacia este mundo extraño. Pero las personas ordinarias perciben el nacimiento como un evento alegre y se sienten llenos de alegría. Sin embargo, el nacimiento mas bien indica que un espíritu despreocupado cayó en la trampa de un cuerpo y ahora tiene que ser esclavo de ese cuerpo. Esta es la conclusión de mi maestro, después de investigar lo que pasa por medio de sus ojos divinos.

Mas aún, mi maestro observó unos funerales con sus ojos divinos. Vió hijos e hijas tristes caminar detrás de los ataúdes, llorando y lamentándose. Algunos gritaron sin control y otros lloraron en silencio. Algunos rezaron con pena, casi como si actuaran en una tragedia. Había otros, que hasta emplearon profesionales para encargarse de los lamentos; les acompañaba una banda tocando "el último vals", aumentando con esto la pesadumbre y grandeza del acto. Bastante sorprendente, en medio de todo aquello, el más contento era el espíritu del muerto. En ocasiones hacía muecas a la gente y se sentaba encima del ataúd, incluso se ponía a bailar piruetas y Cha Cha Cha sobre la tapa. Mi maestro dijo: "La muerte es el nacimiento del espíritu; él lo quiere celebrar y se regocija días y noches."

Por lo tanto: El nacimiento es el funeral, porque el espíritu entra en la tumba de un cuerpo. El niño se lamenta y grita, pero la gente ignorante y ordinaria lo celebra.

La muerte es un evento de alegría, porque muy contento el espíritu sale en libertad. El espíritu se regocija, pero la gente ignorante y ordinaria llora y se entristece.


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