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(Por el Maestro Sheng-yen Lu, extracto del libro 152 sobre las implicaciones kármicas de las transgresiones sexuales, 2001)

Un día un señor de nombre Cheng Chou vino a mi casa para una consulta. Anotó el nombre de su hijo, la fecha y hora de su nacimiento y preguntó por su futuro.

Entré en un estado meditativo; luego le escribí el siguiente verso en la hoja de respuesta:

El mal hábito existe desde hace mucho,
¿cómo distinguir blanco y negro en la vida diaria?
El karma de la palabra es tan pesada que el hijo difícilmente puede hablar.
Sólo la confesión y el arrepentimiento pueden evitar que se extienda este karma.

Cheng Chou leyó el verso y dijo: "No entiendo."

"¿Sufre su hijo de algún defecto físico?", pregunté.

"Sí."
"¿De qué?"
"Es mudo."

Señalé hacia la tercera línea del verso que dice: "El karma de la palabra es tan pesada que el hijo difícilmente puede hablar", y dije: "Ahí lo dice claramente."

Entonces, Cheng Chou manifestó: "Mi esposa está embarazada de nuevo. Como nuestro primer hijo es mudo, ella está un poco asustada. Se hizo un estudio y el médico nos informó que viene una niña. ¿Tendrá esta niña el mismo problema que nuestro hijo?

Volví a entrar en meditación y respondí: ""No lo sé."

Cheng Chou reaccionó diciendo: "Usted es un experto hábil y sabio. Otros me contaron que usted sabe todo. Es absurdo que diga que no sabe. Por favor, trate nuevamente de encontrar la respuesta."

Acepté moviendo mi cabeza y entré otra vez en meditación. Tan pronto tranquilicé mi mente, recibí una visión. En medio de un halo de luz roja se manifestó la deidad guardiana del día y me dijo: "Lien-shen, debido al pesado karma de Cheng Chou, él está destinado a tener dos hijos mudos. Dile, si él se arrepiente de sus faltas inmediatamente, puede salvar a su hija de este impedimento."

Salí de la meditación y conté a Cheng Chou lo que había visto. Le recomendé no continuar con su lenguaje ofensivo.

Cheng Chou no comprendió y me preguntó: "¿A qué lenguaje ofensivo usted se refiere?"

Contesté: "Tampoco lo sé. La deidad guardiana del día sólo mencionó esto, tal como le dije. Usted debe reflexionar para saber a qué se refiere."

Entonces, Cheng Chou se marchó.

Más adelante, la esposa de Cheng Chou realmente tuvo una niña y tal como se esperó, era muda. Primero su hijo y ahora también su hija con el mismo impedimento. ¡Qué carga tan pesada para esta bonita familia - dos hijos mudos! Cheng Chou y su esposa descartaron la idea de tener más hijos.

Un día, Cheng Chou vino a visitarme (en un encuentro informal) y comentó la predicción que le había dado la última vez. Ahora Cheng Chou estaba consciente de sus acciones de la palabra. En ciertas ocasiones chismeaba sobre la vida privada de otra gente. Por otro lado, le encantaba hacer chistes de contenidos sexuales. Contar esas picardías de sexo era su especialidad y a menudo hacía a otros reír y olvidar su vergüenza.

Cheng Chou me dijo: "Con esos chistes picantes la gente se relaja y se ríe. ¿Por qué no puedo hacerlo? ¿Por qué sería lenguaje ofensivo?" Luego incluso me hizo un ejemplo de uno de sus chistes:

"Una madre instruyó a su hija antes de dejarla salir con su novio, diciéndole que no debe perder la cabeza y mantenerse muy alerta; tampoco debe actuar de un modo relajado. Le dijo: 'Si tu novio quiere besarte, debes decir: ¡No! Y si desliza su mano hacia abajo, debes decir ¡Para!' La hija lo prometió. Cuando regresó, estaba llorando. '¿No te dije lo que debes hacer?', reaccionó la madre. Y la hija contestó: 'Mi novio me besó y deslizo su mano hacia abajo, y continuamente le dije:¡ No - para, no - para!"

Cheng Chou conocía tantos chistes de este tipo que podía contarlos desde la mañana hasta la noche. En cualquier situación, en un viaje, en el autobús, en la oficina, siempre los tenía en la punta de la lengua.

Su apodo era "príncipe", abreviado de "príncipe amarillo", que en chino hace alusión a actividades pornográficas.

Al escuchar el "chiste amarillo" de Cheng Chou, no pude hacer otra cosa que reír. Realmente hace su efecto en la gente y puede haber diferentes ideas de si este chiste es "amarillo" o no.

Sin embargo, hay un precepto en Budismo que nos compromete con no usar lenguaje falso; esto incluye las mentiras, el lenguaje abusivo, las difamaciones y el lenguaje inmoral.

Las personas ordinarias simplemente se ríen sin pensar que hay algo malo en esto. No obstante, ¿qué sucedería si este chiste se contara a monjes o monjas en un templo budista? Ciertamente se trataría de una ofensa.

Para ayudar a Cheng Chou comprender, le expliqué una ley celestial.

Esta ley se refiere a problemas que surgen cuando alguien se divierte con ser charlatán, empleando palabras obscenas, empalagosas y vanidosas que perturban la mente de la gente; además incluye el disfrute de hacer descripciones exageradas, acentuando acciones de mal gusto, turbias y desfiguraciones, que arruinan la reputación de otra gente, difundiendo en forma jocosa asuntos privadas de ellos, etc. Cuando se comete una de estas ofensas kármicas de la palabra, es una falta menor; diez faltas menores cuentan como una ofensa, mientras veinte faltas menores cuentan como una ofensa mayor. Una ofensa costará la reducción de la vida por un año y cien ofensas por tres años. El monto de fortuna con que uno había nacido también se afecta. La duración de la vida y la fortuna se reducen en correlación a las ofensas que uno comete. Las ofensas mayores causarán además desdicha a los hijos y nacerán con defectos.

Cheng Chou se quedó profundamente impresionado al enterarse de esta ley. Esperé que decidiera cambiar su mal hábito de la palabra.

Luego me preguntó: "¿Si ahora en adelante cambio mi forma de hablar, podrá mi hija llegar a hablar?"

Le dije: "La deidad guardiana de aquél día así lo aseguró."

"¿Cómo debo proceder para arrepentirme y cambiar realmente?"

"Debe hacer un voto de no volver a cometer esas ofensas de la palabra."

Le pasé una hoja de papel para redactar su voto. Cheng Chou escribió:

En fecha xxx, yo, el discípulo XX, voluntariamente tomo el voto de abstenerme de todas las faltas que implican inmoralidades sexuales, desde el adulterio hasta el lenguaje ofensivo. Para darle efectividad a este voto, practicaré un ayuno, tomaré ablución, prenderé incienso y me comprometo formalmente por escrito. Con respecto y sinceridad, tomo este voto delante el Dios Wen ch'ang, que sabiamente enseña: Entre cientos de virtudes, el respeto filial es el más elevado, mientras el mal mayor es atentar en contra de la vida. Desde ahora en adelante prometo no cometer más ofensas de la palabra para no crear más karma negativo. En lo que me resta de vida, cambiaré mi forma de pensar y en caso de que vuelva a cometer las mismas ofensas, merecería el correspondiente castigo. Ruego que las deidades y protectores del Dharma escuchen con compasión mi arrepentimiento y me otorguen su ayuda y protección para enderezar mi vida. (Firma y sello del discípulo)

Cheng Chou llenó la hoja con estas palabras y fuimos al templo del Dios Weng ch'ang para quemar la hoja delante del santuario.

Vi la deidad guardiana del día manifestar y llevarse el escrito al cielo.

Desde ese entonces, Cheng Chou no volvió a contar chistes con temas sexuales. En su lugar, sólo hace cuentos cómicos normales. Además, practica actos virtuosos y de generosidad. Ha hecho donaciones para los pobres, aportes para imprimir libros sagrados, construir templos, puentes y calles, ha auspiciado la elaboración de estatuas budistas, como también numerosas recitaciones del nombre del Buda y de mantras.

Más adelante, la esposa de Cheng Chou tuvo un sueño. Se vio con su hija caminando en un desierto. Había mucho calor y se morían de la sed. En el sueño, ella exclamó: Namo Bodhisattva Kuan Yin, por favor, ayúdenos. Enseguida el Bodhisattva Kuan Yin se manifestó en medio de luz, sentado sobre una preciosa flor de loto encima de una nube auspiciosa de cinco colores. Tenía en su mano un ramito de sauce y lo mojó en su envase de néctar. Luego dispersó el néctar con el ramito sobre el desierto e instantáneamente apareció un oasis con una fuente de agua clara. Encantadas, tanto la señora de Cheng Chou como su hija se acercaron y bebieron de esa fuente de agua. Después ella despertó.

Asombrosamente, desde ese día ciertas quejas de la Señora de Cheng Chou, como ataques de asma y dolores de cabeza, no volvieron a ocurrir. Pero, lo más curioso fue que su hija comenzó a hablar y superó su problema por completo. El médico que había hecho el diagnóstico, volvió a examinarla y la encontró completamente normal. Era difícil para la gente creerlo. El médico no supo qué decir frente a este milagro.

Como resultado, toda la familia de Cheng Chou tomó refugio en la Escuela del Verdadero Buda.

Aunque la hija de Cheng Chou se curó de su impedimento, su hijo se quedó mudo.

De nuevo, Cheng Chou vino a consultarme.

Entré en meditación y vi un pedazo de hierro.

Le dije: "Se trata de un destino predeterminado."

Hierro significa determinación fija. Todas las enfermedades obedecen a una predeterminación fija o variable. Lo que es variable puede ser cambiado, sin embargo, lo que está predeterminado de una manera fija, no puede ser cambiado.

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