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(por el Maestro Sheng-yen Lu, extracto del libro "Los Secretos de la Reencarnación", 1979)

Desde que desarrollé las percepciones extrasensoriales observo que la gran mayoría de la gente vive errada, dejándose guiar por la estupidez. Esta deplorable situación está oscureciendo el brillo de la naturaleza humana. Los individuos guiados por la estupidez se ven en su exterior como seres humanos, sin embargo, en su corazón están más cerca de animales, tales como cerdos, chivos, pollos, patos, animales acuáticos, culebras, lombrices, zorros, hormigas, caballos, burros y otros. Cuando las personas ordinarias los ven, les parecen seres humanos, sin embargo, desde los ojos dotados de la visión trascendental, ellos realmente se perciben transformados en animales.

Un sutra budista relata lo siguiente: Había una hormiga, que después de la encarnación de siete Budas no logró deshacerse de la forma de hormiga. Había también una paloma, que después de 80.000 kalpas no logró deshacerse de la forma de una paloma. Después que el Buda trascendió hacia el Parinirvana, Dhamapala confesó que en sus quinientas vidas previas siempre había nacido como perro. También se conoce la historia de un eminente maestro Zen que, como consecuencia de haber actuado con falsedad, tuvo que descender a la forma de un zorro salvaje durante quinientas vidas. De estos ejemplos podemos deducir, que es muy fácil entrar al reino de los animales, pero muy difícil salir de él.

Dentro de los Seis Reinos de Transmigración, el nivel del animal está caracterizado por la estupidez. Si una persona abandona su sabiduría espiritual y actúa como un animal, en su próxima vida caerá al reino animal. Los Seis Reinos de Transmigración toman la forma según lo que uno lleva en la mente. En esto no interfiere ningún juzgado externo que sentencia a los seres a ingresar en determinado reino. Quiero exponer como ejemplo el caso de Li Lung Mien de la Dinastía Sung. Su pasatiempo favorito de toda la vida era pintar caballos. Un día un maestro consumado del Zen le dijo que en su próxima vida caería en el vientre de una yegua. Lung Mien no quería creerlo. El maestro le dijo:

"Todo viene de la mente. Todo el tiempo, día y noche, tus pensamientos están con los caballos. Cuando mueras, lo más natural será que caigas en el vientre de una yegua. Aunque tuvieras aspiraciones elevadas, lo único que podrás lograr sería convertirte en un caballo noble y famoso."

Cuando el budista laico Lung Mien escuchó esto, quedó profundamente impresionado y comprendió la verdad de este razonamiento. De esta historia podemos extraer claramente, que es posible que los seres del reino animal sean transformaciones del reino humano e incluso del reino celestial.

Cuando observamos la conducta de los animales, vemos que viven peleándose entre ellos mismos y muchas veces el uno devora al otro. Los animales también sufren de hambre y enfermedades. Además, sufren del calor y del frío, del viento y del mal tiempo. Su manera de sufrir es difícil de imaginar para los seres humanos, ya que somos superiores. Una gran parte de los animales mueren en forma dolorosa; son matados por otro ser de su misma especie o de otra, o son cazados o adquiridos para fines de matar. Los mosquitos, moscas, piojos y lombrices mueren por desintegración. Los pollos, patos, peces, chivos y cerdos son matados para acabar en las ollas de nuestras cocinas. Casi todos los seres que vuelan en el aire, nadan en el agua o se mueven sobre la tierra no pueden escaparse de servir como comida para los seres humanos. Hasta las lombrices de tierra últimamente han despertado el apetito del hombre. Ni siquiera ellas logran escaparse de ser servidas como plato exótico en algún restaurante.

La estupidez no es la única diferencia entre el reino animal y el humano. En el reino humano nos atenemos a una ética moral, mientras en el reino animal gobierna el instinto, los deseos más bajos. Si la mente del hombre se corroe con lujuria, su rectitud comienza a tambalear. Cuando los deseos lujuriosos llegan a gobernar a una persona, él o ella se olvida de su reputación y fácilmente se entrega a prácticas sexuales sin control, igual que los animales. Los que se dejan dominar por deseos lascivos, ven todo con ojos lascivos, escuchan con oídos lascivos, se expresan con palabras lascivas y actúan en formas lascivas. Se apartan cada vez más de la rectitud moral y en consecuencia perderán las características de un ser humano. Incluso los que persiguen el desarrollo del Bodhicitta pueden caer en la obsesión de la belleza sensual y perder de este modo todos sus méritos acumulados. Hasta una sola intención malsana da origen a karma negativo y, en consecuencia, se podrá caer al reino animal. Por lo tanto, un cultivador espiritual debe tener el control de sus deseos sensuales.

En el libro Los Secretos de la Reencarnación escribí un artículo titulado Una firme resistencia a la tentación para demostrar que los pensamientos lascivos se producen sin control. Sin embargo, tenemos que considerar que la integridad moral es muy preciosa. Aunque por el momento se puede ser joven y fuerte, hay que cuidar la integridad propia. Nadie será joven y fuerte para siempre. Los que se entregan sin freno a las satisfacciones sensuales, ciertamente tendrán un cuerpo débil en su vejez. Un solo movimiento equivocado puede pesar para el resto de la vida, porque puede originar la caída en otro nivel inferior.

La transmigración kármica entre el reino humano y el reino animal tiene las siguientes características:

Los que no dominan la agresividad maliciosa, causando daño a los demás y se entregan a peleas incontroladas, renacerán como serpientes venenosas en el reino animal.
Los que llevan una vida lasciva reencarnarán como perros, pollos o patos.
Los astutos, que fingen benevolencia por fuera, pero por dentro son venenosos, renacerán como zorros y lobos en el reino animal.
Los que son estúpidos, glotones y haraganes renacerán como cerdos.
Los que engañan y roban renacerán como ratas.
..... la lista es muy extensa .....

Muchas personas encuentran mis escritos ridículos e inaceptables. Sin embargo, ruego a los lectores a que sigan mis razonamientos y comprenderán que no digo otra cosa que la verdad. Aunque no se trate de una sabiduría profunda, sencillamente es la verdad.

    Nuestro estado mental se refleja por la forma en que miramos los objetos; la mente no se proyecta en ausencia de objetos. Todas las situaciones son un reflejo de nuestra mente. Explicar esto a oídos no refinados, difícilmente se entenderá.. Cuando uno ya no se perturba más teniendo los objetos delante de los ojos, entonces, la Naturaleza búdica se revela.

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