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COMPRENDIENDO EL BUDISMO. Por Yuho B. Van Parys, traducido por Renate Roos
El Budismo es una "Enseñanza de Sabiduría" del Oriente.
Una "enseñanza de sabiduría" difiere de lo que comúnmente llamamos en el Occidente "religión", en el sentido de que no se dedica al servicio ni a la adoración de un Dios o Ser Supremo. Además, el Budismo se originó en el Oriente. ¿Qué, pues, es tan diferente entre la sabiduría del Oriente y del Occidente? ¿Por qué es este análisis tan importante para comprender el Budismo?
Muchas historias hablan del misticismo del Oriente. Al profundizar, podemos distinguir ciertos patrones del pensamiento oriental que también juegan un importante papel en las enseñanzas del Buda.
En las tres grandes tradiciones religiosas del Occidente - todas se fundamentan en el monoteísmo - se menciona un creador y su creación que ocurrió en un momento histórico determinado en el tiempo. Esta visión condiciona la concepción del tiempo en esas tradiciones: el tiempo es concebido como lineal, tiene un inicio y señala en línea recta hacia un final. El pensamiento religioso basado en esta concepción linear sigue la misma ruta histórica: Una vez había un comienzo (creación), seguido por un tiempo dorado que terminó con la expulsión del paraíso. Este proceso, caracterizado por una serie de eventos históricos, continúa hasta el "fin del tiempo", en que todo llegará a una conclusión en un evento de culminación en que el bien conquistará el mal. El "fin del tiempo" entonces se convertirá en el comienzo de un nuevo paraíso.
En cuanto a la concepción del Oriente, el tiempo es percibido como no-lineal, sino cíclico (por ejemplo en el Budismo y el Hinduismo) o como ondulado (en el Jainismo) y concebido en términos de un "eterno retorno". El "comienzo" se sitúa en el "tiempo sin comienzo", lo que quiere decir más allá de cualquier clasificación o fijación de tiempo. En este contexto, sin un comienzo definible, no existe una sola creación, sino un número infinito de creaciones, igual que existen innumerables universos. El pensamiento religioso no se sitúa dentro de un tiempo histórico, sino en un "tiempo sin límites", lo que también se puede llamar "tiempo sagrado", el tiempo más allá de cualquier medida. Con esta visión abierta, la salvación se hace alcanzable en cualquier momento, ya que potencialmente está presente todo el tiempo - sólo debe ser realizada, aquí y ahora.
Dentro de este enfoque cíclico, el karma, o la ley del karma, juega un papel central. Esta ley natural determina la situación en que el hombre se encuentra por un lado (en correspondencia al karma creado por él), y por el otro en que puede participar por medio de sus acciones (mentales, verbales y físicas) en el continuo proceso de la creación del mundo. En cuanto a la ley del karma, existen varias interpretaciones dentro de las diferentes filosofías orientales.
Por otra parte, las religiones monoteístas se concentran en un solo Dios y en una sola verdad. Esta verdad se expresa en "dogmas", en los cuales los fieles deben creer. La salvación en este contexto es procurada mediante la entrega del hombre a Dios y a la verdad de Dios.
En comparación, en las tradiciones orientales, con sus innumerables dioses y seres míticos, con sus numerosos sabios y maestros agrupados en varias escuelas religiosas y filosóficas, no encontramos esta uniformidad. Cada "verdad" se entiende como relativa y puede ser interpretada de varias maneras. El criterio fundamental de las doctrinas religiosas no radica, por tanto, en algún aspecto dogmático de la verdad, sino en la aplicabilidad práctica de esa verdad, o en su eficacia para uno alcanzar la meta. La pregunta fundamental sería, si la enseñanza es aplicable y relevante para la vida diaria, si es posible mejorar la vida en este mundo a través de esta enseñanza. Sólo si la enseñanza realmente hace posible lo que promete, será aceptada como verdadera. Incluso habrá quienes participen en más de una tradición, escuela o práctica religiosa, ya que la realidad se muestra en múltiples maneras y más de una sola respuesta puede ser verdadera.
El hombre occidental busca las respuestas de su vida y de sus problemas fuera de sí mismo. Se somete a Dios y a los Santos. Del mismo modo, piensa que puede intervenir y reformar el mundo que lo rodea; intentará cambiar la naturaleza, convertir a los demás que piensan diferente, mejorar el mundo, etc.
El hombre oriental sabe que no puede cambiar el mundo, que no puede afectar las leyes que rigen el cielo y la tierra. Lo único que puede cambiar es su propia actitud hacia este mundo y sus leyes. Debido a esto, el hombre oriental fácilmente es visto como pasivo; sin embargo, esta pasividad proviene de la aceptación de leyes ineludibles e inalterables, leyes que no pueden ser violadas sin castigo.
El enfoque central de las tradiciones orientales se basa más en el conocimiento y la sabiduría que en la fe y la moralidad. El hombre en sí no es malo ni corrupto, pero es ignorante al dejarse llevar por las ilusiones. El propósito de la vida religiosa es llegar a conocer la verdadera naturaleza del mundo y del hombre y desde ese conocimiento adoptar una actitud sabia frente a la vida. Este conocimiento no es un privilegio de seres sobrenaturales, por lo contrario, es la obligación de todos adquirirlo.
El pensamiento occidental tiende a ser analítico: las cosas son divididas en sus partes para estudiarlas. Por esta razón, el hombre occidental pierde a menudo la visión de la interrelación y unidad de todas las cosas al concentrarse en el estudio de los detalles.
Aunque en el enfoque oriental del mundo el análisis forma parte del proceso pensativo, la mayor énfasis está puesta en percibir constantemente la interrelación y unidad de todo, tratando de captar la interconexión de todo lo que existe y considerando a todos los seres en igualdad. Con esta visión, el hombre no ocupa una posición superior ni gobierna o es dueño de otros seres, sino que se percibe como interconectado con ellos a través de la ley kármica.
En este contexto no se concibe que una religión entera, con todo implícito, pueda caer del cielo.
Las religiones que se fundamentan en la "revelación", tales como el Judaísmo y el Islam, llegan al hombre a través de un poder superior, en este caso, Dios. Su enseñanza y práctica forman un sistema entero fijo al cual el hombre nada puede agregar, excepto sus comentarios.
Esto es diferente con las religiones en que los continuos cambios del mundo juegan un papel. Esas religiones se originan, crecen y se desarrollan sin cesar; constantemente están confrontados con una realidad cambiante, con nuevas experiencias humanas y nuevos pensamientos. Debido a la influencia de corrientes nuevas, pueden adoptar nuevos colores, declinar ciertos puntos y enfatizar otros, sin que se afecte su esencia.
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